Los mercados financieros no pueden gobernarnos
Estamos comprometidos con un objetivo común: reformar los mercados financieros para que estén al servicio de la economía real y el empleo.
La crisis ha demostrado que el sector financiero se ha distanciado de las necesidades de la economía real y de la creación de un valor real. Por tanto, es fundamental llevar a cabo una reforma radical si queremos que vuelva a desempeñar la labor que realmente le corresponde al servicio de los ciudadanos y las empresas, y evitar que vuelva a producirse una crisis semejante.
Más allá de la respuesta inmediata a la crisis, cuando nuestras economías comiencen a recuperarse, debemos asegurarnos de no regresar a la situación anterior.
Aunque el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos ha contribuido al rápido agravamiento de la crisis y ésta ha ido propagándose por la feroz especulación financiera, las causas principales radican en los grandes desequilibrios económicos resultantes de tres décadas de políticas económicas neoliberales. Es necesario establecer un nuevo modelo de desarrollo económico bien organizado desde el punto de vista económico, socialmente justo y que garantice la sostenibilidad medioambiental. Este modelo debe buscar un nuevo equilibro en las relaciones entre la intervención estatal y las fuerzas del mercado en la economía global; la economía financiera y la real; el trabajo y el capital; los países con superávit y déficit comercial, y los países industrializados y en desarrollo. Por encima de todo debe poner fin a las políticas que han generado desigualdades masivas entre las naciones y dentro de los propios países en los últimos dos años y que son la principal causa de la actual crisis mundial.
Reclamamos un control público de las finanzas mundiales. Debemos mejorar la rendición de cuentas, el mandato y los recursos de los supervisores, así como reforzar la regulación y la supervisión tanto a escala nacional como europea.