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Proteger a los trabajadores y el empleo frente a las prácticas depredadoras
El PIB representa la riqueza que produce un país. La parte atribuible a los salarios en el conjunto del PIB ha experimentado un descenso continuado en las últimas décadas, mientras que el capital ha ido en aumento. El sector financiero ha contribuido a esta desigualdad cada vez más clamorosa. Ésta es una de las razones por las cuales los hogares han tenido que endeudarse para mantener su nivel de vida. La riqueza generada ha ido a parar a manos de un grupo minúsculo formado por la elite mundial, en la que se incluyen ejecutivos del sector financiero, en lugar de repartirse entre la amplia mayoría de ciudadanos y trabajadores, o incluso entre los empleados corrientes del sector financiero que atienden a los clientes.
En la parte superior de la escala de la renta impera una cultura de cuantiosos bonus que ha distorsionado los incentivos, ha promovido que se asuman riesgos descabellados y ha tenido un efecto pernicioso en la economía, además de agravar las desigualdades sociales. Es también uno de los motivos que han obligado a los hogares a recurrir al endeudamiento para poder mantener su consumo. Esta acaudalada elite financiera ha destruido miles de empresas y millones de puestos de trabajo en todo el mundo desde que comenzó la crisis.
Las palabras del congresista estadounidense Barney Frank no dejan lugar a dudas: "Cuando un número reducido de personas se benefician de un negocio concreto de decenas o incluso cientos de millones de dólares, y simultáneamente se despide a los trabajadores, nos encontramos ante lo que yo considero una situación equivocada”.